
Cada campanada me hace estremecer...
Y ese sonido bronco, estridente, se me mete tan adentro que siento de manera pertinaz y aguda que casi despego del suelo.
Lo que otrora acompañara mi devenir como un simple complemento o agregado casual, se me antoja ahora una marca indeleble que me hace paulatinamente más consciente conforme incrementa su ritmo y número.
Esclavos del tiempo, no quiero que acabe nunca.
Porque el punto de inflexión que marca el comienzo del nuevo año, me aterra.
Porque es la certeza más absoluta de que este desafío constituye en sí mismo el comienzo del fin.
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