
Y comenzamos el mes de diciembre con el primer relato que nos trae Montse Aguilera para trasladarnos justo justo al momento en el que los deseos encuentran su oportunidad para planear una nueva historia en un clamoroso silencio entre tanto bullicio.
LA ÚLTIMA DEL AÑO
Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
Todos han empezado a telefonear, con la boca llena, a personas con las que, sin el puntito de cava o el calor de saberse supervivientes en esta nave de paradojas, no hablarían.
Desde el rincón que he buscado para pasar este momento me ahorro el bullicio de fiestas y cotillones repletos de gente apresurada en realizar el rito de suerte anual.
La miro a la cara. Ella, notando mi admiración por su frescura y silencio, me guiña una estrella fugaz, sin saber que mi deseo está cumplido.
Muy bonito, Montse, con esa inicial ironía ante las actitudes previsibles y la posterior opción por el apartamiento, donde, a solas y con la esperanza en la mirada, se tiene la certeza de que los deseos se cumplen.
ResponderEliminarUn saludo afectuoso.
Has iniciado con un lugar de recogimiento ajeno al bullicio, y me gusta eso de "me guiña una estrella fugar".
ResponderEliminarBonito Micro, Montse.
Un gusto leerte.
Des -
demispalabrasylasvuestras,
un abrazo.
Precioooosoooo!!!!. Me encanta ese viaje en pocas líneas del bullicio establecido al guiño de la estrella fugaz.
ResponderEliminarSaludillos
Puck