
MUERTO Y ENTERRADO
Su deseo era pasar la nochevieja en un avión dando la vuelta al mundo para poder despedir el año todas las veces posibles. A falta de recursos, repasó todas las tradiciones de esta fecha pero ninguna le pareció suficientemente agresiva para rematar doce meses de desgracias. Finalmente cogió el calendario colgado tras la puerta de la cocina que tiene las citas médicas, le recuerda fichar en el paro, el cumpleaños de, ahora, su ex... Con cada campanada quemó la hoja de un mes y enterró las cenizas en el tiesto de la ventana esperando que florezcan con el nuevo año.
No es mala idea la verdad, muy al alcance de todos.
ResponderEliminarParece triste pero tiene su lado de optimismo. A por un año más halagüeño!
ResponderEliminarSuerte y un abrazo
Bien hecho, Puck. Es la mejor forma de olvidar las desgracias y dar paso a la ilusión.
ResponderEliminarBesos.
Seguro que cuando llegue la primavera, sus deseos se ven cumplidos. Ese punto de esperanza tan tuyo, me gusta verlo justo al final.
ResponderEliminarUn abrazo
Así se hace, al fuego todo lo malo y a esperar que el año venga con mejor cara.
ResponderEliminarBesitos
Me encanta despedir el año en estos lares, aunque sea con unos días de adelanto jeje. Gracias a todos por vuestros comentarios y aprovecho para desearos una feliz Ranidad y que el año que viene florezca en nuestros balcones.
ResponderEliminarSaludillos
Mira, algunas de esas marcas también circundan las fechas en mi calendario; es una buena manera de empezar y dejar atrás lo pasado, pues pasado está. Deberíamos ver que el resto de los días, sin citas, han sido ¡buenos!, además todo sucede por alguna buena razón, ¡seguro! Abrazo. Lns
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